04 de Octubre del 2006

Un día maldito para el Perú

Esta columna ya fue publicada hace un año, pero vale la pena repetirla y repetirla siempre en este día. El 3 de octubre es una fecha muy aciaga en la historia del Perú, dado que en un día como hoy fue derrocado el gobierno constitucional de Fernando Belaunde en 1968 por el dictador “chino” Velasco, a tan sólo seis meses de unas elecciones donde el hiperfavorito Haya iba a arrasar. Cuartelazo inexcusable porque Belaunde había tenido un gobierno impecable en términos democráticos y los comicios estaban a la vuelta de la esquina. ¿Quiénes demonios eran los militares para meterse a intervenir en la vida política y decidir en lugar del voto popular qué era lo correcto para el país? Si el pueblo elegía a Haya en 1969, pues enhorabuena. Velasco ahogó implacablemente las libertades democráticas, llegando a extremos nunca vistos, como la purga del Poder Judicial y la confiscación de absolutamente todos los medios de comunicación, donde muchos “periodistas” que hoy por allí pontifican sobre democracia colaboraron como plumas lacayas del dictador (Lauer, Neira, Roncagliolo y varios más que por allí ahora pasan “caletas” y hasta pontifican).

Y de hecho fue una dictadura bastante corrupta. Lástima que nunca se le investigó a fondo porque el timorato segundo belaundismo decidió no remover nada en 1980. De todas formas, hubo casos paradigmáticos, como el de “Súper Epsa” y el de la sospechosa explosión inmobiliaria de “Chacarilla”. Hubiera sido interesante investigar sobre las fabulosas comisiones que deben haberse pagado con las gigantescas compras de armas hechas en esa época.

De otro lado, se destrozó al agro con una Reforma Agraria revanchista y pésimamente ejecutada. Pasamos de tener uno de los agros más competitivos a esta galaxia actual de improductivos jardineros minifundistas (el 70% tiene menos de cinco hectáreas), en donde se concentra la pobreza extrema. Se estatizó la mayor parte del aparato productivo y se generaron un sinfín de organismos deficitarios, burocráticos, corruptos e ineficientes, a los que se les colocaba el sufijo “Perú” (Sider-Perú, Pesca-Perú, Petro-Perú, Minero-Perú, Indu-Perú, etc.). Se espantó a la inversión privada con disparates como la estabilidad laboral absoluta, la propiedad social y la comunidad laboral, amén de confiscaciones gratuitas de propiedades equivalentes a vulgares robos (por eso se le apodaba la “robolución”). Se vivió una fantasía de proteccionismo elevadísimo, precios controlados, dólar congelado y subsidios indiscriminados en base a una deuda externa de la que no salimos aún. La demagogia llegó a extremos estridentes como prohibir las historietas de Mickey Mouse y el Pato Donald, encarcelarte por tener dólares o tratar de obligar a todos a hablar quechua. Y casi nos meten en una guerra. En fin, para qué seguir. Sólo un pobre imbécil o alguien que medró puede defender ese desastre prepotente que fue el velasquismo.

Aldo Mariátegui


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